En el C.C. Virgen de la Cabeza de Entrepinares del Mercadillo, no hay cumpleaños tranquilos, y el de Fernando no iba a ser la excepción.
Desde primera hora de la mañana, los pasillos estaban llenos de secretismo: susurros sospechosos, globos escondidos y alguna mirada cómplice que decía “se viene fiestón”.
Cuando Fernando entró en la sala, ¡SORPRESA! Un aplauso atronador, una tarta que parecía sacada de un concurso de repostería y un coro improvisado que cantó el “Cumpleaños feliz” con más ganas que afinación. Fernando, con su eterna sonrisa, sopló las velas con un deseo en mente (seguramente que la tarta no se acabara nunca).
Después vino el momento de los brindis, los chistes de “¡ya tienes un año más, pero sigues igual de guapo!” y el tradicional reparto de tarta, donde más de uno/a intentó pillar el trozo más grande sin que se notara.








